Lo que vemos aquí arriba es una representación bastante aproximada de cómo se vería INTERNET si fuese visible desde el espacio. Los puntos son lugares donde hay un mínimo de unas 6.500 computadoras conectadas a INTERNET (los supuestos estadísticos para llegar a esa conclusión están bien fundamentados). De modo que, como vemos, una REVOLUCIÓN SOCIAL está en marcha, una revolución social llamada INTERNET, que no tiene necesidad de expropiarle nada a nadie ni derrocar ningún gobierno. En una palabra: INTERNET es la máxima PANDEMOCRACIA. Desgraciadamente, ni la PANDEMOCRACIA ni INTERNET sirven para erradicar el HAMBRE, la ESCLAVITUD y la MISERIA de este mundo. Ese es el propósito del PROYECTO PANIA. Por eso, desde el Proyecto Pania desalentamos toda actividad contestataria o protestataria, pues la revolución se está dando DENTRO de INTERNET, no fuera, en el mundo real. Es NECESARIO que ocurra DENTRO de INTERNET, donde lo máximo que puede pasar es que te hagan DESAPARECER, con todos tus contactos, páginas, grupos, causas y escritos, como hizo FACEBOOK conmigo en noviembre pasado, pero NO ME MATÓ. Todos aquellos que pretenden llevar la revolución que está teniendo lugar en INTERNET al MUNDO REAL son unos INCONCIENTES, que tras dos guerras mundiales todavía no entendieron que en el MUNDO REAL la MUERTE también ES REAL. Esto no es cobardía, es puro y simple sentido práctico: los muertos no siembran ni cosechan, no liberan ni pueden ser liberados, no dignifican ni pueden ser dignificados (recordemos que la palabra "dignidad" y sus derivados son los opuestos de la palabra "miseria" y sus derivados). Por lo tanto, ¡BASTA! de pelearnos entre nosotros, y comencemos de una vez a construir el MUNDO DEL MAÑANA...

Esta foto muestra dónde estamos, pero como a veces aparecemos en San Juan o en Godoy Cruz, tenemos que aclarar que estamos en Guaymallén, Mendoza. Pueden usar el mouse en el globo terráqueo de arriba para buscarse ustedes también.

El mapa de abajo presenta el nivel de actividad en INTERNET de los internautas de habla hispana. Cada punto representa a unas 15.000 personas conectadas en ese lugar (como en el caso anterior, los supuestos estadísticos están bien fundamentados). Nótese la increíble actividad cibernética en Centroamérica; América del Sur aparece, en comparación, todavía bastante desconectada.

Observemos ahora este mapa:

¡Esto sí que me gusta!!! ¡No saben lo emocionante que es ver que otra persona está viendo mi blog, ¡y hasta dónde está!!! Y abajo está este interesante widget, que te muestra la nacionalidad de los visitantes:

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Esto se usa así: si tenés Tweeter, hacé click en Tweet para mandar un tweet; si tenés Facebook, hacé click en Share para compartir; si querés mandar un mail, pasá el mouse sobre Email; y si tenés otra cosa, pasá el mouse sobre Share. Más fácil imposible.

jueves, 20 de mayo de 2010

Tercera entrada

Tercera entrada. Una vez más, el dilema de de qué hablar, porque el tema es bastante amplio. ¡Ya sé! Probablemente se preguntarán por qué hablo de Pantopía y Flotopía en lugar de fusionar ambas ideas en una sola. Bueno, si hiciera eso, podría quedarme una idea con muy buen sabor (“Flantopía”) o una con muy mal sabor (“Potopía”). ¡Ja, ja, ja! ¡No, era un chiste! En realidad, la idea de un mundo sin dinero y la idea de un mundo flotante, aunque puedan desarrollarse simultáneamente y en conjunto, no pueden ser la misma idea. Un mundo sin dinero será un mundo justo y equitativo, y eso no tiene nada que ver con la flotabilidad del suelo. Un mundo flotante será un mundo sin terremotos, tsunamis, inundaciones, etc., y eso no tiene nada que ver con que sea un mundo justo o injusto. Es por eso que ambas ideas son “infusionables” (ya sé que esa palabra no existe, por eso la puse entre comillas).
Pantopía y Flotopía son ideas complementarias. En mi mente, las imagino a ambas de sexo femenino y muy hermosas, pero ahí terminan las similitudes. Mientras que imagino a Pantopía como la idealista princesa con carita de ángel y que no rompe un plato, me imagino a Flotopía como a Daisy Duck de Los Duques de Hazard, es decir, una mujer que se sabe defender sola. Y es que Flotopía fue concebida para producir cantidades siderales de alimento, por lo que es inexorable que se “mercantilice”, es decir, que sea absorbida por la economía de mercado. Así que Flotopía será un lugar donde reine la abundancia, pero no será un mundo justo. En cambio, Pantopía fue concebida para reemplazar al dinero por otras formas de medir la fortuna de la gente (algo que hoy por hoy se llama “promocracia”, tema del que voy a hablar más adelante). Eso va a hacer que Pantopía jamás se mercantilice, pero tiene el problema de que necesita un lugar desprovisto de riquezas materiales y/o estratégicas, para que la economía de mercado no intervenga.
Pero bueno, estoy hablando de cosas muy complicadas, y ya casi se me termina el tiempo, y no llevo ni 500 palabras. Por mientras, necesito que vayan pensando en esto: en el mundo, todos los días se tiran a la basura más de mil millones de botellas plásticas descartables, y tan sólo un 60% de las mismas se reciclan. El resto terminan bajo tierra o en enormes espacios oceánicos donde mueren millones de peces por ingesta de plástico. Se las dejo picando. Bueno, hasta la próxima.

lunes, 17 de mayo de 2010

Segunda columna

Hola a todos! Segunda columna. Se me hizo complicado escribir antes de hoy, pero aquí estoy. Estaba barajando algunas ideas acerca de cuál debería ser el tema a tratar en esta segunda columna sobre mis dos ideas más importantes, Pantopía y Flotopía. Pero esta mañana fui a sacarle un turno a la mamá de mi hija al hospital, y vi cuántos pobres viejos (lo digo cariñosamente) tienen que pasarse la noche en vela en una sala de guardia, hacer una cola, en fin, tener que padecer semejante burocracia después de una vida entera dedicada a trabajar, trabajar y trabajar. Esos viejos (repito que lo digo cariñosamente) no nacieron en la Argentina decadente y corrupta en la que vivimos hoy; ellos nacieron en la Argentina “que pudo ser”, la de antes del bombardeo del ’55. Y sin embargo, van a morir, como mi abuela y mi viejo, en esta Argentina, tan diferente del país en el que ellos nacieron… Pantopía y Flotopía nacieron en mi cabeza como reacción a un pensamiento desesperado que atormentaba mi mente: que mi hija por nacer no llegara a la edad adulta viviendo en un país que se cae a pedazos, pero que tampoco abandone a su tierra y su pueblo para ser una “sudaca” en EEUU o Europa. Pero pronto me di cuenta –especialmente cuando murió mi abuela, en agosto de 2006, y mi padre, en marzo de 2007–, que el cambio era mucho más urgente de lo que yo pensé en un principio. Y hablo de los viejos, que sabemos que están cercanos a la muerte porque es el ciclo natural de la vida, pero también están los enfermos que terminan muriendo por negligencias hospitalarias, los asesinados por la inseguridad, los niños que mueren de hambre, etc., etc., etc. Para todos ellos es URGENTE la creación de Pantopía y Flotopía.
Voy a contar una anécdota que me pasó en el hospital esta mañana, para que veamos en qué clase de país estamos viviendo. Mientras yo pensaba en los pobres viejos, había una viejita que parece que tenía un poco de demencia senil, que iba de acá para allá. Ella estaba preocupada de que no vayan a dejar de atenderla. La chica que llegó después de mí le dijo que, en cuanto llegara el guardia, ella iba a hablar con él para que la hiciera pasar sin hacer cola. Efectivamente, cuando el guardia llegó, esta chica habló con el guardia, que hizo pasar a la viejita sin hacer cola. Me preguntaba si hablarle o no hablarle de mi proyecto, y decidí hacerle esta observación: “Poca gente hace lo que vos hiciste. Es increíble cómo la intervención de uno solo puede producir una obra de bien. Pero en esta cola (había como cien personas) solamente vos lo hiciste”. Ella minimizó todo, no le dio tanta importancia. Entonces le pregunté: “¿No te gustaría estar en un grupo de jóvenes y enseñarles estos valores?”. Y ella me dijo que no le interesaba, porque la juventud está perdida, y eso sería una pérdida de tiempo. Hubiera querido decirle lo que estoy haciendo por Internet, pero en realidad, mi historia es tan increíble que suena a “filo” (para los no argentinos, invento, “verso”), así que decidí dejarlo ahí. Pero Mendoza es chica, y esta chica tiene características únicas, que hacen muy fácil ubicarla. Así que si alguien conoce a una chica hija de madre chilena y padre argentino, que nació en Dinamarca, felicítenla por su buen corazón, sus valores en extinción y su excelente educación, y díganle que todavía está en pie la propuesta que yo le hice. Lo tienen que hacer uds., porque yo no sé ni siquiera su nombre. Y no crean que es un “levante”; tengo demasiados problemas personales, familiares y emocionales como para pensar en eso ahora.
¡Waw! ¡Qué largas se hacen mil palabras! ¡Ah, sí! Les pido a los que sigan esta columna, que no pierdan el tiempo recomendándosela a gente importante, instruida, y especialmente si son de Argentina en general, y de Mendoza en particular. ¿Por qué? Porque yo no tengo títulos universitarios, ni tengo dinero, ni pertenezco a una familia ilustre, así que sé que estas ideas no van a prender en Argentina ni en Mendoza. Les aconsejo humildemente que se la recomienden a gente cálida, como los colombianos y venezolanos; a gente valiente, como los mexicanos, cubanos, y gente del Caribe en general; a gente humilde, como los ecuatorianos, peruanos, bolivianos y paraguayos; e incluso a gente que no tiene nada que envidiarnos a los argentinos, pero que por algún motivo siguen creyendo que sí: los chilenos y los uruguayos. Y, por supuesto, me encantaría que algunos brasileños también lean mi columna, a pesar del idioma. ¿Los españoles? Bueno, no tengo nada en contra de ellos, pero sé de muy buena fuente que nosotros los “sudacas”, a los españoles, “les vamos de madre”, como dicen ellos mismos. Es decir, no les importamos un comino. ¡Ojo! No digo que no exista un cinco por ciento de españoles que sí se preocupan por los latinoamericanos; lo que digo es que son apenas una ínfima minoría. Las razones para no recomendarme a otros argentinos, y menos si son mendocinos, son muchas. Sí, ya sé, la primera y más obvia es que “nadie es profeta en su tierra”. Pero también es que, en este país, el “principio de autoridad” según el cual lo que valen no son las ideas sino quién las dice, está enquistado en lo más profundo e inaccesible de nuestra decadente idiosincrasia, así que yo contra eso no puedo ni pienso luchar.
Bueno, ya llevo más de 900 palabras, por fin. Gracias por la lectura, me costó bastante escribir tanto. Pero créanme que tengo muchísimo más para escribir. Espero comentarios, por favor! Como dice Jorge Sosa, ¡no me dejen solo! Nos vemos mañana.

jueves, 13 de mayo de 2010

Estrenando columna

Tengo menos de veinte minutos para publicar este texto, así que voy a tratar de escribir lo más rápido posible. Creo que lo más importante de hoy fue haber creado este blog y haber escrito la introducción, que no podía tener más de 500 caracteres. Llevo 45 palabras, y quiero llegar a las 1000. Creo que va a ser imposible, pero bueno, trataré.
Pantopía es una idea que tiene la misma edad que mi hija, es decir, siete años. Comenzó llamándose “démos krátos”, es decir, “el poder del pueblo”. Después se llamó “demokratía”, y después “holarquía”. Pero el nombre que más le ha durado es el de “pandemocracia”. En cierto sentido, pandemocracia y Pantopía son sinónimos, pero en otro no, porque pandemocracia es un sistema de gobierno, mientras que Pantopía es un lugar (“el lugar de todos”). Me estoy trabando, así que voy a decir unas palabras sobre Flotopía.
Sólo un desinformado total no se ha tropezado nunca con algo relacionado con islas flotantes hoy en día. Incluso hay una comunidad en ning, que por falta de tiempo les doy la dirección mañana, acerca de una de las primeras islas flotantes hechas de materiales modernos. No confundir “islas flotantes” con “chinampas”: no son lo mismo, pero se le parecen. De hecho, al interiorizarse sobre las chinampas llegamos a la conclusión de que la agricultura sobre islas flotantes (a la que he llamado “floticultura” y no “acuicultura”) va a acabar con el hambre en el mundo en diez años o menos.
Desde que comencé a escribir “oficialmente”, en 1991, he tenido cientos de ideas, pero siempre me pareció que mis ideas eran, más que nada, “masturbación mental”. En cambio, con Pantopía y Flotopía, creo que voy a poder poner mi granito de arena para que vivamos en un mundo mejor. Lamentablemente, hay que ser muy soñador, “pensar en grande” pero “en muy, muy grande”, para entender los alcances y las posibilidades de Pantopía y Flotopía.
Bueno, se me va acabando el tiempo, y todavía tengo que poner esto en Internet. La seguimos mañana. Perdón por no haber llegado a las 1000 palabras, pero fue por una razón de fuerza mayor. Fueron casi 400. Un abrazo para todos. Andio.
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