jueves, 20 de mayo de 2010
Tercera entrada
Tercera entrada. Una vez más, el dilema de de qué hablar, porque el tema es bastante amplio. ¡Ya sé! Probablemente se preguntarán por qué hablo de Pantopía y Flotopía en lugar de fusionar ambas ideas en una sola. Bueno, si hiciera eso, podría quedarme una idea con muy buen sabor (“Flantopía”) o una con muy mal sabor (“Potopía”). ¡Ja, ja, ja! ¡No, era un chiste! En realidad, la idea de un mundo sin dinero y la idea de un mundo flotante, aunque puedan desarrollarse simultáneamente y en conjunto, no pueden ser la misma idea. Un mundo sin dinero será un mundo justo y equitativo, y eso no tiene nada que ver con la flotabilidad del suelo. Un mundo flotante será un mundo sin terremotos, tsunamis, inundaciones, etc., y eso no tiene nada que ver con que sea un mundo justo o injusto. Es por eso que ambas ideas son “infusionables” (ya sé que esa palabra no existe, por eso la puse entre comillas).
Pantopía y Flotopía son ideas complementarias. En mi mente, las imagino a ambas de sexo femenino y muy hermosas, pero ahí terminan las similitudes. Mientras que imagino a Pantopía como la idealista princesa con carita de ángel y que no rompe un plato, me imagino a Flotopía como a Daisy Duck de Los Duques de Hazard, es decir, una mujer que se sabe defender sola. Y es que Flotopía fue concebida para producir cantidades siderales de alimento, por lo que es inexorable que se “mercantilice”, es decir, que sea absorbida por la economía de mercado. Así que Flotopía será un lugar donde reine la abundancia, pero no será un mundo justo. En cambio, Pantopía fue concebida para reemplazar al dinero por otras formas de medir la fortuna de la gente (algo que hoy por hoy se llama “promocracia”, tema del que voy a hablar más adelante). Eso va a hacer que Pantopía jamás se mercantilice, pero tiene el problema de que necesita un lugar desprovisto de riquezas materiales y/o estratégicas, para que la economía de mercado no intervenga.
Pero bueno, estoy hablando de cosas muy complicadas, y ya casi se me termina el tiempo, y no llevo ni 500 palabras. Por mientras, necesito que vayan pensando en esto: en el mundo, todos los días se tiran a la basura más de mil millones de botellas plásticas descartables, y tan sólo un 60% de las mismas se reciclan. El resto terminan bajo tierra o en enormes espacios oceánicos donde mueren millones de peces por ingesta de plástico. Se las dejo picando. Bueno, hasta la próxima.
Pantopía y Flotopía son ideas complementarias. En mi mente, las imagino a ambas de sexo femenino y muy hermosas, pero ahí terminan las similitudes. Mientras que imagino a Pantopía como la idealista princesa con carita de ángel y que no rompe un plato, me imagino a Flotopía como a Daisy Duck de Los Duques de Hazard, es decir, una mujer que se sabe defender sola. Y es que Flotopía fue concebida para producir cantidades siderales de alimento, por lo que es inexorable que se “mercantilice”, es decir, que sea absorbida por la economía de mercado. Así que Flotopía será un lugar donde reine la abundancia, pero no será un mundo justo. En cambio, Pantopía fue concebida para reemplazar al dinero por otras formas de medir la fortuna de la gente (algo que hoy por hoy se llama “promocracia”, tema del que voy a hablar más adelante). Eso va a hacer que Pantopía jamás se mercantilice, pero tiene el problema de que necesita un lugar desprovisto de riquezas materiales y/o estratégicas, para que la economía de mercado no intervenga.
Pero bueno, estoy hablando de cosas muy complicadas, y ya casi se me termina el tiempo, y no llevo ni 500 palabras. Por mientras, necesito que vayan pensando en esto: en el mundo, todos los días se tiran a la basura más de mil millones de botellas plásticas descartables, y tan sólo un 60% de las mismas se reciclan. El resto terminan bajo tierra o en enormes espacios oceánicos donde mueren millones de peces por ingesta de plástico. Se las dejo picando. Bueno, hasta la próxima.
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